“La Madriguera, mi pócima y mi primer beso”

Puebla, Puebla

19 de Octubre de 2011

 

Hacía ya muchos años, demaciados para recordar, que no me tomaba el tiempo necesario para realizar, mi ya añejo paseo por el bosque; y corrían muchos más atardeceres desde que no me adentraba en mi madriguera de conejo, bebía mi pócima y regresaba a casa, en el País de las Maravillas.

 

Como era de suponerse el lugar seguía intacto, hermoso, surrealista y confuso, pero se respiraba un aire ajeno. Mi confort de había roto.

 Cheshire no dibujó su amplia sonrisa cuando lo topé en el camino, y me informó, de manera pastosa y acompasada, que era de vital importancia encontrar a Alicia cuanto antes, al parecer, algo había ocurrido con ella. Nadie sabía que, pero pensaban que yo podría ayudar.

 El camino era largo, 5 días a galope limpio de Bandersnatch, era epico, pero mi presencia era solicitada de inmediato.

 En el camino tuve tiempo de ordenar mis ideas, de imaginar otras tantas y de charlar con todos mis viejos amigos, que después de mostrar su preocupación por Alicia, se apresuraron a celebrar mí “no” cumpleaños. Compartimos el té, recordamos y al finalizar, seguí mi viaje al norte, ahora más ligero por haber perdido mi presuroso reloj en la acalorada charla, al fin y al cabo, era de esperarse que el remedio de mantequilla y el mejor te, nuevamente no funcionara.

 

Me sentí perdido en pensamientos por horas que semejaban días, debatí arduamente con la sensación de ya no pertenecer a este mágico lugar, y en ocasiones me vi asustado al declarar para mí, que tal vez… este lugar era solo un sueño más.

Debo confesar que haber perdido esta última batalla interna me dolió y entristeció mi corazón. Estaba comenzando a entender  que esta última charla con Alicia, no solo sería la última, sino que también este viaje al norte, era el último.

 

Decidí, no llorar, no maldecir; sino, aceptar, disfrutar este último paisaje y recordar todos los años que lo visité para sanar mi alma.  

 

El Palacio estaba en absoluto silencio, los guardias sumidos en reflexiones y a la puerta me aguardaba Mirana, la hermosa reina blanca.

Acarició mi mejilla y colocó sus tibios dedos en mis labios, evitando que pudiera pronunciar una sola palabra. Sujetó suavemente mi mano y comenzó a guiarme entre pasillos hasta la habitación de Alicia.

 

Debajo del portal se encontraba el conejo blanco, poniendo a tiempo su reloj y borrando una lágrima de su rostro. Al otro extremo estaba el Sombrerero Loco secuestrado por sus pensamientos, con la mirada perdida y su ancha sonrisa matizada con tristeza.

 

Mirana con una voz dulce como miel se acercó a mí y susurró:

“Solo pide hablar contigo, creo que has llegado tarde, pero a tiempo de verle sonreír.”

 

Sus palabras erizaron mi piel, la puerta se abrió de par en par  y puse un pié en aquel hermoso lugar. La leña crujía a lo lejos en la chimenea, el aroma de jazmines e incienso rodeaba toda la habitación. La luz era dorada como trigo, a lo lejos, se escuchaban las aves trinar. Me fui aproximando, temeroso, hasta la cama donde se encontraba Alicia.

 

“Detente, no des un paso más, no quiero que me veas así”

 

Mis piernas se congelaron, la voz de Alicia había roto el silencio. Podía ver a lo lejos su lecho, mas no podía ver su cara.

 

“¿Que pasa amada mía? Acaso no reconoces mi andar”

No me atreví a dar un paso más, pero apreste mi oído esperando respuesta.

 

“No es necesario escuchar tus pasos, o sentir tu fragancia recorriendo la habitación, es tu respiración la que te ha delatado. Mas sin embargo, aun reconociendo tan placentera pulsación, no quiero que veas mi rostro.”

Mi seño se frunció.

 

“¿Tu rostro? ¿Qué puede haber mal con ese reflejo de plata? Acaso será que un arranque de vanidad ha perturbado a mi amada niña.”

Silencio por unos minutos.

 

“La vanidad ha ido a tomar un paso hace un tiempo; el problema es que no puedo reconocer mi rostro cuando lo veo a través del reflejo de mi espejo. Algo terrible me ha sucedido.”

 

Mi duda se acrecentó, di tres sigilosos pasos y pude contemplar muy a lo lejos sus dorados cabellos, su tez blanca como la luna y sus ojos azules como el mar. Pero ella tenía razón, ella no reconocería nunca su reflejo en el espejo, no en este lugar.

 

“Mi niña, es verdad, no veo a la misma Alicia de siempre tendida sobre esta cama, pero veo en esos ojos, que detrás de ese extraño rostro, mi amada está ahí, ¿por qué habría de estar sucediendo algo terrible?” Mis pasos se volvieron más firmes y una leve sonrisa apareció. 

 

“¿Qué acaso no lo ves? Se ha movido, ha cambiado, no creo ser yo, aunque es verdad, mis ojos están ahí… ¿tú sabes lo que me sucede?”

Su voz infantil detrás de aquel rostro, la hicieron lucir hermosa. Su preocupación era real y estaba seleccionando mis palabras para que mi respuesta fuera precisa y adecuada.

 

“Es verdad amada mía, se ha “movido” tu rostro, y es tan bello, tan increíble que tal vez tus celos de joven belleza no te permiten ver… tú no tienes nada Alicia, sigues siendo la misma, hoy te veo y con una sonrisa, beso tu frente y te digo, que es un placer haber vivido todo este tiempo y que al atardecer de mis años, se me permitiera verte como te veo hoy, justo y tal como te veo hoy.” Me senté cuidadosamente a su lado.

 

“¿Aun me amas?  ¿Es posible para ti amar este nuevo rostro? Si yo no tengo nada malo, ¿tu podrías explicarme que es lo que tengo?”

Su corretear de palabras era divertido.

 

“Un rostro puede moverse, puede cambiar, tal y como lo ha hecho el tuyo mi niña, es el efecto que causa el “tiempo” en todos nosotros, se llama envejecer.” Sus ojos se abrieron como platos.

 

“Pero tu rostro no cambia, ¿acaso tu no envejeces?”

 

“Si, mi rostro es joven, porque así lo decido yo cuando vengo a visitarte, cuando entro en la madriguera del conejo, yo decido como verme para ti.”

 

“¿Yo siempre he tenido el mismo rostro?” Su curiosidad infantil me tenía cautivado

 

“No mi amor, tu rostro ha cambiado con el paso de los años, te he visto crecer, hemos pasado ya muchos atardeceres juntos, y he visto a la niña volar en mujer y a mi mujer apagarse en la vejez. Y ha sido hermoso vivirlo” No pude controlar una lágrima.

 

“Es verdad… han sido ya muchos atardeceres. ¿Aún me amas?”

 

“Hasta el final… he venido a verte una vez más, a decirte que te amo, a ver tu hermoso rostro y a decir adiós” Su mano sujetó la mía con fuerza.

 

“¿No piensas quedarte?”

 

“No mi niña, no esta vez… creo que es tiempo de seguir adelante, hemos vivido esto tantas veces, que ahora me voy feliz y contento. Y sé que tú te irás feliz, radiante y completa.”

 

“¿Me extrañaras?”

 

“Con rabia y deseo. Una nueva aventura nos espera en otro sitio. Ahora cierra tus ojos y duerme.”Besé sus labios carmín y al abrir los ojos, pude ver a la niña Alicia dormir profundamente frente a mí. Mis manos ásperas, cansadas y viejas arroparon a la joven mujer. Me levante y me crucé con el reflejo de mi cara en su espejo y pude ver mi cansado rostro marcado con arrugas y sonreí.

 

Con paso lento comencé a alejarme, con una última mirada vi como ese rostro viejo de Alicia había desaparecido de la cama para siempre, dejando solo la hermosa fragancia de jazmines en toda la habitación. Nuevamente sonreí.

 

Al volver mi rostro a la puerta un extraño, pero placentero sentimiento de nostalgia aderezado con tristeza recorrieron todo mi cuerpo. Las aves cantaron una última vez para mí y fue así como sujeté el pomo de plata de la puerta, inhale fuertemente nuevamente la fragancia de jazmines de Alicia y abrí la puerta.

Una luz hermosamente radiante, azulada, poderosa llenó todo mi alrededor. Era el final. Y eso es todo lo que recuerdo.

 

 

Alicia rió tímidamente, beso mis labios y me paresuró, hoy era su no cumpleaños y no quería llegar tarde.

 

Despejé mis ojos atolondrados que parecían haber estado expuestos a un inteso rayo de luz, y volví a iniciar.

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Juan Salvador Fernández.

 

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“Th Khao San Road, Nido de viajeros.”

Kho Pha Ngan, Tailandia.

Invierno 2010

 

La noche cae perezosa sobre Rambuttri Road, la cual despierta lentamente al ajetreo nocturno que se avecina. Respiro profundo y la primera bocanada me recuerda a la canela y quizá algun “dejo” de clavos, pero poco a poco van rasgando en mi cerebro, los hermosos olores a jazmín y ese inolvidable gusto dulce del incienso ardiendo.

 

Del templo vecino, Chana Songkhram, los cánticos se pierden con los “beats” de la música occidental.

El tráfico, al final de la calle, es caótico y suicida,  cruzar la calle es realmente un reto. De inmediato soy abordado por un ejército interminable de vendedores callejeros, que no paran de parlotear en una mezcla de inglés prehistórico y tailandés. “Cheap… cheap… only for you my friend”.

 

Esta es definitivamente, la ciudad de las opciones, mi cabeza se marea atrapada por la luz neón que se desprende de cada uno de los infinitos lugares y la mezcla de música me confunde, ¿acaso es Britney Spears cantando reggae con un solo de guitarra  de Gun’s And Roses?  

 

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Th Khao San Road es el nido perfecto del viajero informal, hay de todo y no falta nada, la cantidad de bares anunciando en grandes colores “We don’t check ID” arrancan una sonrisa de mi rostro. Pero tengo hambre y es hora de cenar. La variedad de restaurante es ridícula, mi atención se centra en la comida callejera. Los “carritos” de arroz frito y fideos parecen ser mi primera opción. Aunque el menú está en inglés, es un rompecabezas adivinar cada nombre, por lo tanto mi elección es el “Pad-Thai”, una mezcla de vegetales frescos, tallarín de arroz, germen de soya, condimentado con salsa de pescado y salsa de ostión. La noche es joven, comer y “tener algo en la barriga” me suena a una idea genial; y por las caras alegres y acelerado ajetreto en la calle, esta noche pinta para ser genial y muy larga.

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Uno puede visitar miles de urbes, y tal vez estar en los “ombligos” del mundo, pero Bangkok es sin duda mi tipo de ciudad, el “País de las Sonrisas” hace honor a su nombre con su gran y majestuosa capital. sin duda es un lugar donde nunca te sentirás solo. Ya sea que busques las compras lujosas y los viajes Gran Turismo, o tu presupuesto sea apropiado para usar mucho tus piernas y salir de las rutas, Bangkok es la capital del viajero informal, Bangkok es el nido de Backpackers por excelencia y sin duda el lugar mas maravilloso donde su humilde servidor ha podido poner un pie. 

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Juan Salvador Fernández.

AOKI SUKO

Aoki Suko Studio Blog

Sean bienvenido a este espacio AOKI SUKO BLOG.

Un espacio creado para expresarnos mas allá de las imágenes, y poder “derramar tinta, para salpicar letras.

Este espacio es para TI, para poder compartir a tu lado nuestra visión, nuestros sueños, nuestros intereses y poder conocer más de los tuyos. Este espacio es nuestra “pequeña sala de estar” donde los esperamos con gusto… sin más !!toma una silla, prepara tu taza de te!! y vamos a platicar.

 

Fotografía: J. Salvador Fernández
AOKI SUKO STUDIO

 

J. Salvador & María.

AOKI SUKO STUDIO

Fotografía Creativa.